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El
nombre de Samaná, escrito siglos
atrás como Xamaná, es el
nombre
taíno de la región.
Historia
El
territorio de la provincia fue
visitado por Cristóbal Colón en
enero de 1493, durante su primer
viaje a las Américas. En esa época,
Samaná estaba ocupada por pobladores
ciguayos y ocurrió el primer
encuentro hóstil entre europeos y
nativos.
Durante los siglos XVI y XVII (e
inicios del XVIII), Samaná estuvo
prácticamente inhabitado; apenas
vivían algunos "cimarrones"
(esclavos escapados) y algunos
pobladores europeos que intentaban
colonizar la región. Entre los
europeos, los que más frecuentaban
la zona eran ingleses y,
principalmente, franceses. Las
playas eran usadas para reparar y
limpiar ("carenar") los cascos de
embarcaciones inglesas y francesas;
también eran carenados aquí las
embarcaciones de bucaneros y
filibusteros. "Carenero" sigue
siendo un topónimo en Samaná.
Cada
cierto tiempo, pero no de manera
contínua, las autoridades coloniales
españolas hacían expediciones para
desalojar a los franceses que
intentaban ocupar la región. Incluso
llegó a mantener dos galeras en el
Cayo Galeras, frente al actual
poblado Las Galeras.
En
1756, se fundó la ciudad de
Santa Bárbara de Samaná, con
familias provenientes de las
Islas Canarias, en el lugar
llamado Carenero Grande. El poblado
se organizó como Parroquia del
Partido de La Vega,dentro de la
división territorial que tenía
entonces el Santo Domingo Español.6
Cuando
el Santo Domingo Español pasó, por
el
Tratado de Basilea, al dominio
francés, el gobernador francés
Ferrand trató de desarrollar la
región de Samaná, instalando colonos
franceses que escapaban de la
revolución en Haití, incluyendo a la
familia de Théodore Chassériau.
Estos colonos se dedicaron al corte
de maderas preciosas para la
exportación y al cultivo de café. La
toponimia de Samaná todavía conserva
algunos de los apellidos de esas
familias: Tesón ("Tessón"), Anadel
("Arrendel"), Clará ("Clarac"); o de
palabras francesas, como Las
Terrenas ("La terrienne", la
terrateniente). |